Por arkaiko
Siddhartha y el Cisne
Adiccabandhu y Pasmasri
Hace mucho tiempo, en India, vivían un rey y
una reina.
Un día la reina tuvo un bebé.
Lo llamaron Príncipe Siddhartha.
El rey y la reina estaban muy felices.
Ellos invitaron a un sabio anciano para que
fuera al reino a predecir la fortuna del niño.
"Por favor, dinos:" dijo la reina al sabio anciano.
"¿Qué llegará a ser nuestro hijo?"
"Vuestro hijo será un niño especial," le dijo.
" Un día llegará a ser un gran rey."
"¡Viva!" dijo el rey. ""Será un rey como yo."
"Pero," dijo el sabio, "cuando el niño crezca,
podría abandonar el palacio porque querrá
ayudar a la gente."
"¡El no hará semejante cosa!" gritó el rey
mientras le arrebataba al niño. "¡El será un gran
rey!"
El príncipe Siddharatha creció en el palacio.
Todo el tiempo el rey lo observaba.
Se aseguró de que su hijo tuviera lo mejor de todo.
Quería que Siddhartha disfrutara la vida de un principe.
Quería que se conviertiera en rey.
Cuando el Príncipe tuvo siete años su padre lo mandó a buscar.
"Siddhartha," le dijo, "Un día serás
rey, ya es tiempo de que comiences
a prepararte. Hay muchas cosas
que tienes que aprender. Aquí están
los mejores profesores de la tierra.
Ellos te enseñarán todo lo que
necesitas saber."
"Daré lo mejor de mí, padre,"
contestó el príncipe.
Siddhartha comenzó sus lecciones.
No aprendió a leer y escribir.
En cambio aprendió cómo montar caballo.
Aprendió a manejar el arco y la flecha, cómo
luchar y cómo usar la espada.
Estas eran las destrezas que un valiente rey
podría necesitar.
Siddhartha aprendió bien sus lecciones. Así
mismo, su primo, Devadatta.
Los dos muchachos tenían la misma edad.
Todo el tiempo el rey estaba pendiente de su
hijo.
"¡Qué fuerte es el príncipe," pensó, "!Qué
inteligente. Qué rápido aprende. Qué grande y
famoso será!"
Cuando el Príncipe Siddhartha terminaba sus lecciones, le gustaba jugar en los jardines de palacio.
Allí vivía toda suerte de animales: ardillas,
conejos, pájaros y venados.
A Siddhartha le gustaba obsevarlos.
Podía sentarse a mirarlos tan quieto que a ellos
no les daba miedo acercarse hasta él.
A Siddhartha le gustaba jugar cerca del lago.
Cada año, una pareja de hermosísimos cisnes blancos
venía a anidar allí.
El los miraba detrás de los juncos.
Quería saber cuántos huevos había en el nido.
Le gustaba ver a los pichones aprender a nadar.
Una tarde Siddhartha estaba por el lago.
Repentinamente escuchó un sonido sobre él.
Miró hacia arriba.
Tres hermosos cisnes volaban sobre su cabeza.
"Más cisnes," pensó Siddhartha, "espero que se posen
en nuestro lago."
Pero justo en ese momento uno de los cisnes cayó del
cielo.
"¡Oh, no!" gritó Siddhartha, mientras corría hacia donde
cayó el cisne.
"¿Qué ocurrió?"
"Hay una flecha en tu ala", dijo.
"Alguien te ha herido."
Siddhartha le hablaba muy suavemente, para
que no sintiera miedo.
Comenzó a acariciarlo con dulzura.
Muy delicadamente le sacó la flecha.
Se quitó la camisa y arropó cuidadosamente al
cisne.
"Estarás bien enseguida," le dijo.
"Te veré luego."
Justo, en ese momento, llegó corriendo su primo
Devadatta.
"Ese es mi cisne," gritó.
"Yo le pegué, dámelo."
"No te pertenece," dijo Siddhartha, "es un cisne silvestre"
"Yo le fleché, así que es mío. Dámelo ya."
"No," dijo Siddhartha.
Está herida y hay que ayudarla.
Los dos muchachos comenzaron a discutir.
"Para," dijo Siddhartha. “En nuestro reino, si la gente no
puede llegar a un acuerdo, pide ayuda al rey. Vamos a
buscarlo ahora."
Los dos niños salieron en busca del rey.
Cuando llegaron todos estaban ocupados.
"¿Qué hacen ustedes dos aquí?" preguntó uno de los
ministros del rey.
"¿No ven lo ocupados que estamos? Vayan a jugar a
otro lugar."
"No hemos venido a jugar, hemos venido a pedirles
ayuda." Dijo Siddhartha.
"!Esperen!" llamó el rey al escuchar esto.
"No los corran. Están en su derecho de consultarnos."
Se sentía complacido de que Siddhartha supiera cómo actuar.
"Deja que los muchachos cuenten su historia," dijo.
"Escucharemos y daremos nuestro juicio."
Primero Devadatta contó su versión.
"Yo herí al cisne, me pertenece." Dijo.
Los ministros asintieron con la cabeza.
Esa era la ley del reino.
Un animal o pájaro pertenecía a la persona que lo
hería.
Entonces Siddhartha contó su parte.
"El cisne no está muerto." Argumentó.
"Está herido pero todavía vive."
Los ministros estaban perplejos.
¿A quién pertenecía el cisne?
"Creo que los puedo ayudar," dijo una voz.
Un hombre viejo venía acercándose por el
portal.
"Si este cisne pudiera hablar," dijo el anciano,
nos dijera a nosotros que quisiera volar y
nadar con los otros cisnes silvestres. Nadie
quiere sentir el dolor o la muerte. Lo mismo
siente el cisne. El cisne no se iría con aquel
que lo quiso matar. El se iría con el que quiso
ayudarlo.
Todo este tiempo Devadatta permaneció en silencio.
Nunca se había puesto a pensar que los animales también tenían sentimientos.
El lamentó haber herido al cisne.
"Devadatta, tu puedes ayudarme a cuidar el cisne, si quieres," le dijo Siddhartha.
Siddhartha cuidó del cisne hasta que
estuvo bien otra vez.
Un día, cuando su ala sanó, lo llevó al río.
"Es hora de separarnos," dijo Siddhartha.
Siddhartha y Devadatta miraron como el
cisne nadó hacia las aguas profundas.
En ese momento escucharon un sonido de
alas sobre ellos.
"Mira," dijo Devadatta, "los otros han
regresado por ella."
El cisne voló alto en el aire y se unió a sus
amigos.
Entonces todos volaron sobre el lago por
una última vez.
"Están dando las gracias," dijo Siddhartha,
mientras los cisnes se perdían hacia las
montañas del norte.
Por arkaiko
REFLEXIONES // NO AJAHN CHAH (link)
Nacimiento y Muerte
1
Una buena práctica es preguntarse con toda sinceridad: "¿Por qué nací?" Hágase esta pregunta durante la mañana, tarde y noche... todos los días.
2
Nuestro nacimiento y muerte son una sola cosa. No se puede tener uno sin el otro. Resulta curioso observar cómo, frente a la muerte, las personas están tan llorosas y tristes y frente al nacimiento tan felices y alegres. Es una falsa ilusión. Creo que si usted realmente quiere llorar, sería mejor hacerlo cuando alguien nace. Llore al principio, debido a que si no hubiese nacimiento no habría muerte. ¿Puede entender esto?
3
Uno creería que la gente podría apreciar cómo sería vivir en el vientre de una persona. ¡Qué incómodo debe ser! Sólo fíjese cuán duro es simplemente permanecer en una choza sólo por un día. Cierra todas las puertas y ventanas y ya se está sofocando. ¿Cómo sería vivir en el vientre de una persona durante nueve meses? Y sin embargo usted quiere aún meter la cabeza justo ahí, poner su cuello en la horca una vez más.
4
¿Por qué nacemos? Nacemos para no tener que nacer otra vez.
5
Cuando uno no comprende la muerte la vida puede ser muy confusa.
6
El Buda le enseñó a su discípulo Ananda a observar la impermanencia, a ver a la muerte en cada respiración. Debemos conocer la muerte; debemos morir de modo que podamos vivir. ¿Qué significa esto? Morir es llegar al final de nuestras dudas, de todas nuestras preguntas, y sólo estar aquí con la realidad presente. Usted nunca puede morir mañana; usted debe morir ahora. ¿Lo puede hacer? Si lo puede hacer, usted conocerá la paz de no hacerse más preguntas.
7
La muerte está tan cerca como nuestra respiración.
8
Si usted se ha entrenado adecuadamente no se sentirá atemorizado cuando caiga enfermo, ni alterado cuando alguien muere. Cuando vaya a hospitalizarse para un tratamiento, determine en su mente que si usted mejora, eso está bien, y que si usted muere, también está bien. Le garantizo que si los doctores me dijesen que tengo cáncer y que me voy a morir en unos pocos meses, les recordaría: "Tengan cuidado, por que la muerte está viniendo por ustedes también. Sólo es cuestión de quién se va primero y quién después." Los doctores no van a curar de la muerte ni impedirla. Sólo el Buda era ese tipo de doctor, entonces ¿por qué no seguimos adelante y usamos la medicina del Buda?
9
Si usted está asustado por la enfermedad, si teme a la muerte, entonces usted debería contemplar de dónde vienen. ¿De dónde vienen? Surgen del nacimiento. Por lo tanto, no se ponga triste cuando muere alguien —es sólo la naturaleza, y su sufrimiento en esta vida ha terminado. Si quiere ponerse triste, póngase triste cuando la gente nace: "Oh, no, aquí vienen otra vez. ¡Van a sufrir y morir otra vez!"
10
"El Que Sabe" sabe con claridad que todos los fenómenos son insubstanciales. De modo que "El Que Sabe" no se pone feliz o triste, no va detrás de condiciones cambiantes. Ponerse feliz, es nacer; apesadumbrarse es morir. Habiendo muerto, nacemos otra vez; habiendo nacido, morimos otra vez. Este nacimiento y muerte de un momento al siguiente es la interminable rueda girante del samsara.
El Cuerpo
11
Si el cuerpo pudiese hablar estaría diciéndonos todo el día; "Tú no eres mi dueño ¿sabes?". En realidad nos lo está diciendo todo el tiempo, pero en el idioma del Dhamma, de modo que no estamos capacitados para comprenderlo.
12
Las condiciones no nos pertenecen. Siguen su propio rumbo natural. No podemos hacer nada sobre la forma que tiene el cuerpo. Podemos embellecerlo un poco, hacer que luzca atractivo y limpio durante un tiempo, como las muchachas jóvenes que se pintan los labios y se dejan crecer las uñas, pero cuando llega la vejez todos estamos en el mismo barco. Así es el cuerpo. No lo podemos hacer de otra manera. Sin embargo, lo que podemos mejorar y embellecer es la mente.....................................................................................................
Por arkaiko
El Sutra de Hui Neng // BUDISMO (link)
“SUTRA PRONUNCIADO POR EL SEXTO PATRIARCA SOBRE EL ESTRADO DEL
TESORO DE LA LEY”
Sutra: los sutras budista son notas tomadas a partir de la enseñanza oral del Buda.
El Sutra de Hui Neng
CAPÍTULO I
AUTOBIOGRAFÍA
En cierta ocasión, habiendo llegado el Patriarca al Monasterio de Pao Lam, el Prefecto
Wai, de Shiu Chow, y otros oficiales fueron allí para pedirle que dictara unas
conferencias públicas sobre Budismo en el salón de conferencias del Templo Tai Fan
en la Ciudad (de Cantón).
En su debido momento, estaban en asamblea (en el salón de conferencia) el Prefecto
Wai, los oficiales gubernamentales y los eruditos Confucianos, cerca de treinta cada
uno, y los Bhikkhus, Bhikkhunis, los Taoístas y los laicos, hasta un número cercano a
mil. Después que el Patriarca tomara su asiento, la congregación en su totalidad le
rindió homenaje y le pidió que predicara sobre las leyes fundamentales del Budismo.
Sobre lo cual, Su Santidad ofreció la siguiente platica:
Instruida audiencia, nuestra
naturaleza) que es la semilla o el núcleo de la iluminación (Bodhi) es pura por
naturaleza y tan solo haciendo uso de ella, podemos alcanzar la Budeidad
directamente. Ahora permítanme decirles algo acerca de mi propia vida y como llegué
a poseer las enseñanzas esotéricas de la Escuela de Dhyana (o el Zen).
Mi padre, un nativo de Fan Yang, fue despedido de su cargo oficial y desterrado a ser
un plebeyo en Sun Chow en Kwangtung. Fui desafortunado porque mi padre murió
cuando yo era muy joven, dejando a mi madre pobre y miserable. Nos mudamos a
Kwang Chow (Cantón) y por este entonces estábamos en muy malas condiciones.
Un día estaba vendiendo leña en el mercado, cuando uno de mis clientes me ordenó
que le llevara un atado a su tienda. Después de que la mercancía había sido entregada
y el pago recibido, salí de la tienda y me encontré con un hombre recitando un Sutra.
Tan pronto oí el texto del Sutra, mi mente se iluminó instantáneamente. Le pregunté
al hombre el nombre del libro que estaba recitando y me contestó que era el Sutra del
Diamante (Vajracchedika o El Diamante Cortador). Más adelante le indagué de dónde
había venido y por qué recitaba ese Sutra en particular. Contestó que venía del
Monasterio de Tung Tsan en el Distrito de Wong Mui de Kee Chow; y que el abad
encargado de este templo era Hwang Yan, el Quinto Patriarca; que había cerca de mil
discípulos bajo su tutela; y que cuando fue allá a rendirle homenaje al Patriarca,
asistió a las conferencias sobre este Sutra. Más adelante me dijo que Su Santidad
alentaba tanto a los laicos como a los monjes a recitar esta escritura, ya que por
hacerlo podrían realizar su propia
directamente.
Debe ser debido a mi buen karma en las vidas pasadas que oí acerca de esto, y que
recibí diez taels (moneda usada en China antiguamente, equivalente en valor a su
peso, 1 ½ onza, en plata) para la manutención de mi madre de un hombre que me
aconsejó que fuera a Wong Mui a entrevistarme con el Quinto Patriarca. Después que
se hicieron los arreglos pertinentes para mi madre, partí para Wong Mui, tomándome
menos de treinta días el llegar allí.
Entonces, fui a rendirle homenaje al Patriarca quien me preguntó de dónde venía y
que esperaba obtener de él.
Le repliqué – Soy un plebeyo de Sun Chow de Kwangtung. He viajado desde lejos para
presentarle mis respetos y para pedirle nada más que la Budeidad.
– ¿Eres un indígena de Kwangtung, un salvaje? ¿Cómo puedes esperar ser un Buda? –
preguntó el Patriarca.
A lo cual le contesté – aunque hay hombres del norte y hombres del sur, el norte y el
sur no hacen la diferencia en sus naturalezas Búdicas. Un salvaje es diferente de Su
Santidad físicamente, pero no hay diferencia en nuestra naturaleza Búdica.
Se deponía a responderme pero la presencia de otros discípulos lo hizo detenerse al
instante. Entonces me ordenó que me uniera con el grupo para trabajar.
Entonces le dije – Su Santidad, ¿me permite decirle que Prajna (la Sabiduría
Trascendental) surge con frecuencia en mi mente? Cuando uno no se desvía de su
propia
que trabajo Su Santidad me pondrá a hacer?
- Este salvaje es muy brillante – comentó él. Ve al establo y no hables más.
Entonces me retiré al campo de trabajo y uno de los hermanos me dijo que partiera
leña y sacudiera el arroz.
Más de ocho meses después, el Patriarca me vio un día y dijo – Sé que tu conocimiento
del Budismo es muy puro; pero tengo que abstenerme de hablar contigo por temor a
que los que hacen el mal te dañen. ¿Entiendes?
- Sí Señor, entiendo – repliqué. Procuro pasar desapercibido y nunca me atrevería a
acercarme a su edificio.
Un día el Patriarca convocó en asamblea a todos sus discípulos y les dijo:
- La pregunta del incesante re-nacer es muy importante. Día tras día, en lugar de
tratar de liberarse ustedes mismos de este mar agrio de la vida y la muerte, ustedes
parecen perseguir únicamente meritos corruptos (por ejemplo, meritos que causarán
el re-nacer). Sin embargo los méritos no serán de ninguna ayuda, si su
mentes y escríbanme una estrofa (gatha) al respecto. Aquel que entienda lo que la
Dharma (ejemplo, las enseñanzas esotéricas de la Escuela de Dhyana), y lo proclamaré
el Sexto Patriarca.....................................................................................................
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Por arkaiko
EL SUTRA DEL LOTO BLANCO // BUDHISMO (link)
Cap. 1:
La perspectiva universal del budismo del Mahayana
Los mitos que el budismo ha heredado de la tradición hinduista antigua contienen
muchos relatos sobre Indra, el rey de los dioses que vive en un palacio magnífico en el
reino de los Treinta y tres dioses. Indra tiene muchos tesoros en su palacio y, según las
leyendas, entre sus tesoros hay una red. Ahora bien, ésta no es una red ordinaria. Para
empezar, está hecha completamente con joyas. Además, esta red de joyas tiene
características maravillosas y extraordinarias. Una de estas características es que cuando
se mira a las facetas de cualquiera de las joyas, se ve todas las otras joyas reflejadas en
ellas. Cada una de las joyas de la red refleja a todas las demás, de modo que todas las
joyas relucen en cada una de ellas, y cada una reluce en las demás.
En el Sutra Avatamsaka, el Buda compara a la totalidad del universo con la red de joyas
de Indra. ¿ En qué se basa esta comparación? Al nivel más elemental, se podría decir
que así como la red de Indra consiste en innumerables joyas de todos tamaños, formas y
grados de resplandor, el universo consiste en fenómenos innumerables de varios tipos.
Pero el Buda va más lejos con esta analogía y desafía la forma en sí en que percibimos
las cosas. Normalmente nuestra experiencia de las cosas que constituyen el universo es
la de cosas distintas y completamente separadas entre si, y apenas si podemos imaginar
las de ninguna otra manera. Una montaña, una bicicleta, una hormiga, un edificio de
apartamentos, un policía,... una serie de objetos separados; así es como vemos el
mundo. Pero en realidad, y según el Buda, no es en absoluto así. Desde su punto de
vista, es decir, desde el punto de vista de la experiencia espiritual más elevada, todo en
el universo, lo grande y lo pequeño, lo cercano y lo lejano, se refleja en todo lo demás.
Todas las cosas se reflejan y, en cierto sentido, se contienen. Esta verdad no es sólo
aplicable a lo largo y ancho del espacio, sino que lo es también al tiempo, de modo que
lo que ocurre en cualquier sitio está ocurriendo aquí también y todo lo que ocurre en
cualquier momento está ocurriendo ahora. El tiempo y el espacio son transcendidos,
todas las categorías del razonamiento y la lógica quedan descartadas y el mundo que
conocemos queda cabeza abajo.
La red de Indra no es la única ilustración tradicional de esta ley de la reflexión mutua.
En los países del budismo Mahayana del Extremo Oriente, hay una enseñanza
proveniente de las escrituras que se ha citado con tanta frecuencia que ha entrado
profunda e íntimamente en sus literaturas, e incluso en la vida cotidiana. Se da allí este
dicho: “Cada mota de polvo en el universo contiene a todos los reinos de los Budas de
las diez direcciones del espacio y de los tres períodos del tiempo.” (Estos son el pasado,
el presente y el futuro). Esto a primera vista podría parecer una percepción exótica un
tanto extraña, pero tenemos algo parecido en nuestra propia cultura en la poesía de
William Blake:
Ver el mundo en un grano de arena
y los cielos en una flor silvestre,
tener al infinito en la palma de la mano
y en una hora la eternidad.
Seguramente no nos tomamos estas conocidas líneas seriamente. Si acaso recapacitamos
sobre ellas, es probable que pensemos: “Bueno, no es precisamente que Blake veía el
mundo en un grano de arena, se trata de un recurso retórico, una evasión poética
caprichosa. Pero Blake no fue sólo un poeta, también fue un místico visionario. Estas
líneas nos sugieren que realmente vio, o al menos vislumbró, el mundo tal y como es en
realidad; el mundo tal y como lo describe el Buda por medio del símil de la red de joyas
de Indra.
Puesto que el Buda enseñó que todo está interconectado de esa forma, no es de extrañar
que su propia enseñanza, el Dharma, sea en si mismo también como la red de Indra. Las
enseñanzas del budismo, como todo lo demás, forma una red de conexiones, una red de
joyas en las que cada faceta arroja luz a todas las demás. Esto quiere decir, si se lo
contempla en forma inversa, que no comprendemos completamente ningún aspecto del
Dharma si no hemos comprendido su totalidad. Cuando logramos la compresión de una
doctrina que no conocíamos, es fácil pensar que la podemos añadir a nuestro almacén de
conocimientos, como si añadiéramos guijarros a un montón de guijarros, pero de hecho
eso es imposible. Cada vez que encontramos una enseñanza nueva, debemos considerar
de nuevo todo lo que ya sabíamos bajo el punto de vista de nuestra nueva comprensión.
Cada visión clara de la verdad que tengamos modifica, como mínimo de forma sutil,
todas las visiones claras previas.
Por consiguiente, cada vez que descubrimos una forma distinta de explorar el camino
budista, nuestra comprensión se transforma completamente; y las vías de exploración
ante nosotros son numerosas. Por ejemplo, podemos ver el desarrollo espiritual como
evolución, haciendo uso de la antropología, la biología y la historia para trazar el
progreso de aquello que he denominado la evolución superior del hombre. Podemos
utilizar el enfoque psicológico occidental para encararnos con los problemas que surgen
en el curso del desarrollo espiritual. La filosofía y el arte occidental también nos
proporcionan ricas fuentes de inspiración; mientras que todas las formulaciones
tradicionales del budismo indio permanecen abiertas ante nosotros también: Cada
exploración del desarrollo y el crecimiento arroja luz sobre todo el proceso.
El Sutra del Loto Blanco, un producto del Mahayana, que es la segunda gran fase del
budismo indio, explora el Dharma por medio de parábolas, mitos y símbolos. Es decir,
por medio de arquetipos, por medio de lo que Jung llamó el Subconsciente Colectivo.
¿Pero por qué toma el Sutra del Loto Blanco este modo particular de expresión? Para
comprender esto, necesitamos contemplar la historia del budismo y ver como desarrolló
el Mahayana su perspectiva universal.
El budismo comenzó en la India hace unos 2.500 años. El Buda Shakyamuni nació y se
crió en la zona que ahora es el sur del Nepal. Su nombre era Siddhartha y era príncipe
del clan de los Shakyas. En los años que siguieron a su Iluminación, viajó y enseñó en
por la zona denominada entonces la Región Media. Esta es un área de la extensión de
Inglaterra y Gales, y que corresponde a los actuales estados indios de Bihar y Uttar
Pradesh. Tras la muerte del Buda su enseñanza duró en la India 1500 años, durante los
cuales se extendió por todo el continente indio y más allá, cruzando desiertos y mares
para penetrar prácticamente en toda Asia. En dirección oeste, llegó hasta Alejandría y
Antioch; todo esto sin las ventajas de los transportes modernos ni sus sistemas de
comunicación.
Además de extenderse tanto, el budismo cambió mucho durante el período de su
desarrollo en la India. Lo fundamental, lo esencial del Dharma, permaneció igual, pero
la forma en que se presentaban las enseñanzas cambió con el paso de los años. Hubo
tres grandes fases de desarrollo, cada una de las cuales duró aproximadamente 500 años.
Estas fueron el Hinayana, el Mahayana y el Vajrayana. La palabra sánscrita Mahayana,
quiere decir gran camino o gran vehículo (maha: gran, y yana: vehículo o camino); el
gran camino o vehículo para la Iluminación. El Mahayana no fue una escuela particular
o una secta del budismo, como proponen algunos escritores, sino que fue una fase de
desarrollo que representa un cierto enfoque del budismo. El término Mahayana se
contrasta frecuentemente con el que se le da a la primera fase del budismo, el Hinayana,
que quiere decir camino pequeño. Esto nos da una pista sobre el enfoque adoptado por
el budismo Mahayana. Quienquiera que inventó los términos pequeño camino y gran
camino, sin duda estaba haciendo una comparación. ¿Pero qué se estaba comparando?
¿Qué diferencia se estaba señalando?
Según la creencia popular, la diferencia entre el Hinayana y el Mahayana es simple. El
Hinayana, dice la gente, enseña que uno debe dedicarse únicamente al logro de la propia
Iluminación, sin tener en cuenta las necesidades ajenas. El Mahayana, también según la
opinión popular, enseña lo opuesto, que uno ha de olvidarse completamente de uno
mismo y dedicar sus energías sólo a ayudar a los demás seres a que entren en el camino
de la Iluminación. Esos juicios sobre el contraste entre ambos, son rudos y engañosos.
Consiguen incluso dar la impresión de que el mahayanista es un modelo de educación
transcendental, eternamente manteniendo la puerta de la Iluminación abierta para que
pasen los demás; esto es una distorsión burda de la verdadera postura del Mahayana. En
el Mahayana se comprende simple pero profundamente que el interés por el bienestar y
el desarrollo espiritual de los demás es parte integra del propio desarrollo espiritual. De
hecho, interesarse en el propio desarrollo y desinteresarse completamente en el de los
demás al final trae la derrota propia.
En la visión del Mahayana todas las formas de vida en todos los niveles del universo
están relacionadas mutuamente y actúan unas sobre otras como en una red de Indra, este
es particularmente el caso, quizás, en el nivel humano. De hecho, el Mahayana lleva el
símil más lejos todavía. La red no es algo estático, ya que las joyas que la forman se
mueven, de modo que toda la red, la totalidad y cada una de las joyas, se mueve en una
dirección. Por supuesto que algunas joyas van a la cabeza mientras que otras más
rezagadas siguen detrás, ya que la red es muy amplia. Algunas joyas son grandes y
brillantes, mientras que otras son más pequeñas y menos lustrosas. Otras, por desgracia,.........................................................................................................
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