¡Oh, tú, el más sabio y el más bello de los ángeles,
dios traicionado por la suerte y privado de alabanzas!
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Oh, príncipe del exilio, a quien se le ha hecho un agravio,
y que, vencido, siempre te levantas más fuerte,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que lo sabes todo, gran rey de las cosas subterráneas,
sanador familiar de las angustias humanas,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que, lo mismo a los leprosos que a los parias malditos,
enseñas por el amor el gusto del Paraíso,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que de la muerte, tu vieja y fuerte amante,
engendras la esperanza -¡una loca encantadora!
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que haces al proscrito esta mirada calma y alta
que condena todo un pueblo alrededor del patíbulo,......................................................................................................
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Por arkaiko
LETANIAS DE SATAN // CHARLES BAUDELAIRE (LINK-ENLACE)
Por arkaiko
EL JUGADOR GENEROSO (link)
Charles Baudelaire
Ayer, entre la multitud que llenaba el bulevar, me sentí tocado por un ser misterioso al que siempre había deseado conocer, y al que reconocí inmediatamente, a pesar de que nunca le había visto. Suponía que, en su interior, y con respecto a mí, él sentía un deseo similar, pues, al pasar, me lanzó una señal tan significativa con la mirada, que me apresuré a obedecerle. Le seguí cortésmente, y no tardé en descender tras él a una morada subterránea, quedando asombrado ante el brillante lujo que ninguna de las casas de París podía ofrecer más que un ejemplo aproximado. Me pareció muy singular que hubiese pasado tantas veces junto a aquel prodigioso retiro sin haber descubierto nunca la entrada. Reinaba allí una atmósfera exquisita, casi sofocante, que le hacía olvidar a uno, casi instantáneamente, todos los fastidiosos horrores de la vida; allí respiré una sombría sensualidad, como la de los fumadores de opio cuando, sentados junto a la orilla de una isla encantada sobre la que brilla una tarde eterna, sienten nacer en ellos los suaves sonidos de cascadas melodiosas, el deseo de no volver a ver nunca más sus hogares, sus mujeres, sus hijos y el de no ser arrojados nunca de las cubiertas de los barcos por las tormentas.
Había allí rostros extraños de hombres y mujeres, dotados de una belleza tan fatal que parecía haberlos visto hacía años y en países que ahora no puedo recordar y que inspiraron en mí esa curiosa simpatía y esa sensación de temor, igualmente curiosa, que suelo descubrir en los aspectos desconocidos. Si tratara de definir de una forma u otra la singular expresión de sus ojos, diría que nunca había visto tal resplandor mágico expresando más enérgicamente el horror del tedio y el deseo... del deseo inmortal de sentirse a sí mismos como seres vivos............................................
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